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  • Azucena Damián

¿Tlatelolco y Ayotzi no se olvidan?

La Masacre de Tlatelolco ocurrió un 2 de octubre del 1968, hubo reclamos, demandas a un acto en el que el Estado jaló el gatillo, el movimiento social se hizo recurrente, se vislumbraba un cambio inminente, ¿Conciencia?...46 años después ocurre la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa que conmovió al mundo, ¿pero qué vino después? En el primer caso no hubo responsables y en el segundo aún no hay respuestas, después de la polémica de la llamada “verdad histórica”.


En este sentido, podemos resaltar que se dice “El 2 de octubre no se olvida” pero si se olvida, así como de los hechos suscitados en Iguala Guerrero el 26 y 27 de septiembre de 2014, se olvidan las emociones y las demandas que dejaron notar, así como resaltar problemas sociales como violencia, desigualdad, impunidad, entre otros. En las calles se grita “Ayotzi vive” y se rayan paredes porque en el contexto histórico del estado guerrerense y México esa parece ser la mejor alternativa aun cuando se criminaliza y descalifica.


La cara del movimiento es joven, son estudiantes que reivindican la memoria histórica porque de ella toman conciencia. Existen intenciones sensacionalistas respecto al movimiento, con el que se estigmatizan a las escuelas normales argumentando frívolamente que son disidentes del gobierno cuando la mayoría de sus estudiantes son hijos de campesinos que conocen de cerca los problemas sociales de las zonas rurales y denuncian la desigualdad que existe, mientras que por otro lado, la modernización educativa ha consistido en la fragmentación del conocimiento, en el que los estudiantes desconocen su historia, ridiculizan materias como filosofía y tocan superficialmente temas sobre problemáticas sociales porque el sistema educativo les ha enseñado a memorizar, a repetir conceptos y olvidar realidades.


A pocos días del séptimo aniversario de la desaparición forzada de los normalistas se ha lanzado una campaña sobre el cierre de la normal de Ayotzinapa, ¿esto será parte de una fórmula para cerrar un capítulo trágico de nuestra historia o nos servirá de lección para reavivar la lucha? Cabe recordar que la lucha a favor del cierre de las escuelas normales rurales en el país es histórico porque incomodan. Los estudiantes de las normales son formados para enfrentar realidades de escuelas rurales, donde existen pocas vías de acceso, poblaciones en situación de pobreza y pobreza extrema, educan niños que crecen en condiciones de marginación y vulnerabilidad. Ayotzi representa un rostro negado más de México.


Considero que para la trasformación social que se necesita si bien, nace de la lucha en las calles, también debe trascender en las escuelas y las casas e incidir en la formación de personas con valores éticos comprendiendo que en una sociedad tan diversa como la nuestra todos tenemos derecho a una vida digna y a superarnos, en este sentido, ser conscientes de la historia es un factor importante, no solo memorizarla porque ella ayuda a no cometer los errores del pasado. Finalmente, aunque los objetivos de lucha de Tlatelolco y Ayotzinapa no eran los mismos pero su naturaleza sí, y eso ha inspirado este escrito. Lo hechos de Tlatelolco y Ayotzi son sucesos obscuros de nuestra historia y en nosotros está olvidarlo o no.


Azucena Damián Madero

Egresada del Programa de Sociología con especialidad en Sociología Política, FFyL-UAGro. Secretaria Técnica, Cátedra "Cte. Lucio Cabañas Barrientos"


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