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  • Yanet Itzel Gaspar

DESAFÍOS PARA LA EDUCACIÓN EN GUERRERO DURANTE LA PANDEMIA, 2019-2021

En noviembre de 2019 se suscita el primer caso de SARS-CoV-2, causante del COVID19 en la ciudad de Wuhan en China. La Organización Mundial de la Salud lo declaró como pandemia hasta el 11 de marzo de 2020. En ese mes, Guerrero registraba su primer caso en la ciudad de Acapulco y esto generó cambios radicales en todos los ámbitos de la sociedad afectando la vida cotidiana de todos.


Las autoridades correspondientes recomendaron “quedarse en casa” con el objetivo de evitar la propagación del virus entre la población; se implementaron las ya conocidas restricciones como el distanciamiento social generando el cierre total de las escuelas en todos los niveles. El gobierno federal implementó acciones con la finalidad de continuar con el ciclo escolar 2019-2020 y por primera vez en la historia todas y todos asistiríamos o impartiríamos clases bajo la modalidad “virtual”.


En el nivel básico la mayoría de las escuelas trabajaron bajo la modalidad “Aprende en Casa” con programas educativos estructurados e implementados por horarios, grados y actividades que se distribuyeron a través de algunos canales de televisión mexicana. Esta modalidad consistía en la impartición de clases a distancia con consignas a los alumnos para realizar tareas, así como la entrega y posterior evaluación de esos productos.


En el nivel medio y superior como nunca antes se optó por hacer uso de las TICs; aplicaciones como Zoom, Meet, WhatsApp, Clasroom, entre otras, fueron las nuevas herramientas de los profesores y los estudiantes. A simple vista todo parecía estar bajo control, sin embargo, esta nueva modalidad generó una valiosa transformación en el modo de enseñanza y aprendizaje, donde todos los involucrados tuvieron que pasar por el complejo proceso de adaptación con las nuevas responsabilidades que implicó trabajar desde casa.


En incontables ocasiones la nueva modalidad significó un obstáculo para el cierre del ciclo escolar por diversos factores; sin duda fue un experimento de prueba y error para el sistema educativo en general. Los maestros tuvieron la responsabilidad de adaptarse a las nuevas tecnologías, planear sus clases buscando mayor dinamismo, estableciendo actividades alternativas de participación entre los estudiantes para no caer en el formato de conferencia, al mismo tiempo que revisaban y organizaban las actividades siguientes, además de plantear formas de evaluación alternativas.


Los estudiantes tuvieron que crear hábitos desde casa que ayudarían a tener mayor control y organización para conectarse, permanecer, realizar las actividades correspondientes bajo su propio entorno familiar, social y económico, además que la falta de interacción creó un ambiente individualizado entre compañeros de clase que dificultó el trabajo en equipo.


El contexto social y económico en Guerrero dificultó trabajar en la modalidad virtual; en términos de pobreza las cifras son preocupantes, en 2018 el Coneval reportaba que el 66.5% de la población en la entidad se encontraba en esta situación de vulnerabilidad y el 26.8% padecía pobreza extrema, mientras que en algunas zonas con mayor marginación no se cuenta con los servicios básicos como agua o luz y ni pensar en el acceso a internet.


Esto pone en clara desventaja al estudiante de zonas marginadas con respecto a otros, mermando así su rendimiento. Tan solo conseguir una computadora con internet o en su caso una televisión para unirse a las actividades supone una situación desfavorable; bajo estos términos se visibilizan y acentúan las brechas de desigualdad social. De ahí la necesidad de las autoridades por regresar a clases presenciales para diagnostica el tamaño de las asimetrías en el sistema educativo.


Ahora el gran reto al que se enfrenta el sistema educativo es la planeación de un regreso a clases de forma hibrida aún con fuerte presencia del COVID19 y trascender las visiones pedagógicas arcaicas basadas en la educación tradicional y conductista en donde el estudiante solo almacena información y el docente trabaja únicamente para transmitir datos y cubrir los objetivos curriculares. ¿Se trata de crear una nueva educación o dejarla tal y como estaba antes de la pandemia? Que cada quien saque sus conclusiones.


Yanet Itzel Gaspar

Socióloga con especialidad en sociología de la educación. FFyL-UAGro



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